sábado, 17 de diciembre de 2011

Ahogando la ley Sinde

Valvanera Lecha


La ley Sinde es un asunto de largo recorrido en España. Este comenzó en diciembre de 2009, cuando se introdujo una modificación en el anteproyecto de la Ley de Economía Sostenible, por la cual, el Ministerio de Cultura, a través de una comisión especial, podía decidir sobre el cese de páginas web sin necesidad de una orden judicial. Dos años después, esta sigue siendo una cuestión sin resolver.


Han sido dos años marcados por la actividad de fuertes grupos de presión, tanto a favor -protagonizado por el llamado lobby cultural- como en contra, -encabezado por los internautas-. Estos últimos han actuado con las características de un grupo de presión, aunque de una forma bastante descentralizada. Es decir, no han estado agrupados bajo un mismo paraguas. Más bien se ha tratado de diversas asociaciones de internautas así como de personas individuales que, en un principio, sí que comenzaron a movilizarse en torno a un manifiesto, publicado en diciembre de 2009, y sobre el que luego han aparecido diversidad de versiones. Por otro lado, aparte de estos actores más o menos anónimos, destaca también la acción de personas con más renombre en el mundo de las nuevas tecnologías, como el bloguero Enrique Dans o el abogado David Bravo.


El mensaje que todos ellos han transmitido se encontraba articulado en torno a esos manifiestos de los que he hablado y consiste en resaltar que ley Sinde atenta directamente contra los derechos fundamentales de los internautas, ya que pone en peligro su derecho a intercambiar información.


Desde mi punto de vista, el gran éxito de este lobby se debe a que los actores conocían a la perfección el marco en el que se desenvolvía. Sabían que esta era una cuestión casi de interés general y eran conscientes del número de implicados. Implicados a los que podían movilizar fácilmente a través de internet. Por eso eligieron una estrategia de presión de tipo grassroots. De todo lo dicho hasta ahora se deduce que esta tenía un carácter sectorial, ya que pretendía movilizar a los internautas, y combinaba la sensibilización y la acción directa.


Para el tema de sensibilización, la herramienta más fuerte fueron los argumentarios en forma de manifiesto que se difundieron por la red. Por otro lado, Internet y todas sus herramientas y posibilidades (web, blogs, foros, redes sociales, mail...) se emplearon más para la acción directa. Los hechos más destacados en este sentido fueron la movilización de determinadas etiquetas en Twitter, el apagón a modo de luto que efectuaron las páginas de enlaces, el colapso de las web de algunos partidos políticos o el envío indiscriminado de mails a los parlamentarios. Gracias a la viralidad que tiene la red, este tipo de acciones se difundieron con gran rapidez y sirvieron al mismo tiempo para movilizar a otros internautas. No cabe duda de que la elección de internet como escenario principal de la estrategia fue un gran éxito. La red permitió ir movilizando cada vez a más gente. Pero no solo eso. Internet era precisamente el ámbito que se pretendía regular y, al mismo tiempo, el terreno de juego de los movilizados.


Aun con todo, también hay que destacar el acierto de alguna acción offline, como la protesta ante la alfombra de los premios Goya -por la que paseó la ministra Sinde o el presidente de la Academia del Cine- o el envío de un manifiesto y 30.000 firmas que hizo la asociación de consumidores FACUA al Congreso de los Diputados. Esta acción puede situarse además a medio camino entre el lobby de grassroots y el grasstop, ya que a pesar de que en un principio necesitaba una movilización de base para conseguir las firmas de apoyo al manifiesto, el envío buscaba en último término una influencia más directa y personal sobre los políticos.


Tras dos años de protestas. El pasado 12 de diciembre el Consejo de Ministros no aprobó el Real Decreto de la Ley Sinde, sin el cual esta, aunque ya esté publicada en el BOE, no puede aplicarse. En palabras de José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los principales motivos del rechazo fue la presión de los internautas. De acuerdo con esta declaración podía calificarse la acción del grupo de presión como exitosa. No obstante, desde mi punto de vista el éxito de esta se debió al gran número de afectados movilizados así como a la espectacularidad de algunas acciones (luto de las páginas de enlaces y descargas durante un día). Sin embargo, faltó organización y profesionalización. Además, al ser un movimiento muy descentralizado, en ocasiones se produjo ruido (proliferación de manifiestos) y confusión, como advierte el bloguero Enrique Dans.

4 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con las conclusiones de la autora del post. Aunque es verdad que finalmente el movimiento fue exitoso, el propio Rodríguez Zapatero lo recoinocía recintemente, creo que faltó coordinación entre los afectados a la hora de idear un plan de acción.
    Nunca hubo, hasta la salida de la academia de cine del director Álex de la Iglesia, una cabeza visible del movimiento que ayudase a los ciudadnos a identificarse con una postura clara.
    Fdo. Elia Rodrigo

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  3. Me gustó el caso porque justamente los grass-roots se movilizaron en una plataforma que querían proteger de la regulación del Gobierno. A pesar de ser un caso exitoso, no considero que los grupos de presión estuvieron bien estructurados, más bien me parece que la propuesta del Gobierno estaba condenada al fracaso por querer regular un espacio de manera tan arbitraria. Hubiese sido interesante que uno de los blogueros de renombre que apoyaba la causa, la lidere.

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  4. Raquel Delgado

    Lo cierto es que el lobby de respuesta a la Ley Sind, dadas las características de ésta, no podía estar articulado en torno a otro medio que no fuera Internet, lo que ha supuesto -como se comenta en el post- un acierto pero también, desde mi punto de vista, un inconveniente. Las reglas de juego de la Red implican descentralización y multiplicidad de voces, lo que en este caso ha generado ruido y confusión. Pienso que no es sencillo llevar a cabo estrategias sólidas de lobby con Internet como centro de operaciones, y menos en un asunto como este, en el que el número de implicados era enorme y todos parecían tener algo que decir.
    Estoy de acuerdo en que faltó profesionalización, precisamente porque convivieron las opiniones expertas y las de los internautas corrientes. Sin embargo, sí considero que se logró sensibilizar de manera efectiva a la población -fueron muchos los que se hicieron "fans" en Tuenti y Facebook de páginas en contra de la Ley Sinde- y que acciones como el apagado de páginas web ayudaron a crear un intenso debate en torno al tema. La dimisión de Álex de la Iglesia supuso igualmente una renovación de fuerzas y el reconocimiento, por parte de un ex integrante del "bando contrario", de que el modelo legal era insostenible.

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